Asier Marqués

Hablando sobre tecnologías web y otras cosas que me interesan
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Acabo de leer en Yoriento la siguiente historia:

Un filósofo cínico vivió largo tiempo en la Corte del rey Pirro. Pirro, que era un conquistador, una especie de Alejandro de los persas, estaba constantemente haciendo planes de invasión y de conquista. Un día llegó donde el filósofo, quién se encontraba tumbado a la sombra de un árbol en el jardín del palacio, y le dijo:

- He hecho un plan y mañana mismo salgo con mi ejército. Vamos a cruzar el estrecho y a conquistar toda Grecia, todo el Peloponeso.
A lo cual respondió el filósofo:
- Muy bien. Y después, ¿qué?
- Después continuaremos adelante, hacia Italia, respondió Pirro.
- ¿Y después?, interrogó nuevamente su interlocutor.
- Pues seguiremos y procuraremos llegar hasta el final del mundo.
- Bueno, muy bien, ¿y después?
- Bueno, ya después habré conquistado todo el mundo.
-¿Y entonces qué?, volvió a preguntar el filósofo.
Y dijo Pirro:
-Entonces podré descansar.
Ante lo cual el filósofo concluyó:
-Bueno, si de lo que se trata es de descansar, por qué no te sientas aquí conmigo bajo este árbol y empezamos directamente, sin tanto trajín.

Me ha parecido interesante ya que “eso me suena de algo“, y en ciertos momentos que he pensado en ello y desde un punto de vista muy personal he llegado, fijándome en mis propios actos y equivocaciones, a una conclusión que necesitaba expresar y la comparto con vosotr@s para que me llaméis raro y esas cosas.

El problema de ese tipo es que en realidad no quiere descansar, el muy idiota se está mintiendo a sí mismo.

De hecho no quiere nada, y cuando digo nada es “nada”. Por su aparente confianza y firmeza de sus palabras, parece que quiere “todo” pero, “todo” es una fachada.

Necesita ganar y luchar, nuestro sujeto es un adicto al sufrimiento pero no a la victoria. Quizá inmerso en la concentración que requiere una batalla o la planificación junto a la posterior ejecución de una estrategia concreta, olvida “todo lo demás”. Lo peor de todo es que llega a ser perfectamente consciente de ese olvido, y lo usa voluntariamente como arma de defensa.

Todo lo demás puede ser quizá un hueco que siente en su vida, algún transtorno provocado por cualquier tipo de drama vivido en su vida o alguna meta que recurrentemente no puede conseguir y necesita volcarse en lo que realmente se le da bien, sufrir para conseguir objetivos que se le da bien conseguir o que son atractivos y respetables para el resto de la sociedad. Pero no quiere distinguir lo que realmente necesita y, cuando lo tiene delante se aparta por miedo a repetir fracasos recurrentes del pasado. Es un completo idiota y es consciente de ello.

Ser idiota puede ser útil, para otros, y ser útil quizá es lo que anela en realidad para paliar un sentimiento de fracaso que obtiene al nunca conseguir lo que realmente necesita, ya que lo que realmente necesita, lo intenta mantener al margen.

Se siente útil consiguiéndo cosas que para el resto son relativamente admirables o temibles hasta que lo consigue, entonces necesita otro reto ya que sin él no se siente útil o se ve a sí mismo como rechazado por el resto de la sociedad. Hecho que le lleva a la misantropía extrema y al final es él mismo, el que se aparta de todo el mundo.

Como temía que mi comentario se saliese del tema planteado, ya que es una opinión muy personal perfectamente discutible, he preferido poner aquí lo que se me ha venido a la cabeza leyendo esa interesante historia.

Comentarios (5) Publicado por Asier Marqués el Sábado, 20 de Diciembre del 2008


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5 Respuestas to “Esto me suena”

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