Límites y pensamiento lateral

Hay muchas personas que creen erróneamente que la creatividad es algo con lo que nacemos y que no se puede adquirir o mejorar mediante estudio o entrenamiento.

Lo cierto es que cuando pensamos, nuestro cerebro lo hace de forma lógica, buscando patrones con modelos que ya conoce y de no hacerlo, los recuerda y va afianzando en nuestra memoria a medida que nos volvemos a encontrar con problemas similares.

Aunque este funcionamiento hace que seamos increíblemente resolutivos, a veces la solución que buscamos requiere salirse de toda norma, de toda lógica.

La creatividad nos permite encontrar soluciones nuevas o distintas a las que encontramos lógicas y evidentes, que no tienen por qué ser mejores.

Una de las formas de conseguir escapar del pensamiento lógico para encontrar soluciones distintas a lo típico es el pensamiento lateral.

Escuché hablar sobre el pensamiento lateral hace unos ocho años y desde entonces no he dejado de leer libros del creador del término, Edward de Bono, autor también de la técnica de los seis sombreros para pensar.

En uno de sus libros, nos demuestra que nuestro pensamiento lógico nos lleva a asumir ciertos límites que no existen a la hora de pensar y resolver problemas.

Un ejemplo se ve claramente al intentar unir todos los puntos en el siguiente dibujo realizando sólo cuatro trazas sin levantar el lápiz del papel.

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Si lo intentamos como haría una persona normal, llegaremos a la rápida conclusión de que es imposible hacerlo, pero no lo es.

Si vemos la solución en este enlace, rápidamente nos daremos cuenta de que hemos asumido que había un límite que no era real, el borde que forman los círculos exteriores.

Este es sólo un ejemplo en el que se ve de forma simplificada cómo nuestro cerebro nos hace pensar que no podemos resolver ciertos problemas, cuando en realidad la solución es viable.

Ejercitar el pensamiento lateral no es algo sumamente complicado, hay diferentes técnicas en las que nos planteamos ejercicios en los que debemos dar soluciones a cosas que aparentemente no la tienen, sin asumir límites o dejando de lado a priori las razones por las que no se pueden conseguir.

En otro ejemplo se nos retaba a situar cuatro árboles en tal posición que la distancia de cada uno respecto a los otros fuese la misma. En este caso, se debía jugar con la altura del terreno para conseguirlo, pero no es algo en lo que pensemos de forma directa.

Una vez que la solución se muestra ante nosotros, nuestro pensamiento lógico la comprende y en algunos casos la clasificamos de evidente o nos provoca el quejarnos de la existencia de una trampa en el enunciado del problema, cuando hemos sido nosotros mismos los que hemos puesto el límite en primer lugar.

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