El camino correcto

Desde que tengo memoria no me han faltado ocasiones de conocer a un montón de personas que no han dudado en expresar lo equivocado que estaba al elegir un camino en lugar de otro.

Recuerdo que en mis primeras prácticas profesionales un tipo que llevaba el mantenimiento de una red de colegios en Vizcaya me aseguró que esa inquietud y pasión que mostraba se acabaría y consumiría a lo largo de los años, con la experiencia.
En trabajos posteriores, tuve compañeros que se unieron a darme esa misma opinión y a darme consejos relacionados con esa idea, por mi supuesto bien.
Si que es verdad que mi pasión y forma de ver las cosas cambiaron, pero agotarse, ni remotamente.

Cuando empecé con los negocios, la cantidad de personas con las que me he encontrado que me han aconsejado no hacer algo o han insistido en que debería hacer las cosas de otra forma, basándose mayormente en consejos o en las enseñanzas de libros de moda, se han multiplicado. Muy pocas han considerado relevante saber algo sobre mí, sobre mi historia, a un nivel más profundo de lo que comento en mi Twitter (de forma personal) o aparece en mi linkedin o en este blog.

No creo que la crítica sea mala, ni mucho menos, tampoco creo que sea malo dar tu opinión. Creo que sí lo es el considerar que sabes al 100% lo que otra persona necesita o no para conseguir sus metas sin haberla conocido lo suficiente.

En los negocios, no me gusta dar consejos o criticar por este motivo a gente que empieza. Sí que me gusta dar mi opinión o comentar mi experiencia, sobre todo a personas que afirman tener una experiencia distinta a la mía o a personas que conozco bien a nivel cercano.

En el 2010 nadie hubiese apostado por desarrollar y defender una simple app para compartir fotos desde el móvil. En el 2012, tan sólo dos años más tarde de su lanzamiento, Instagram se vendió a Facebook por más cantidad de la que Audi compró la famosa marca de motocicletas Ducati.
Obviamente la app por si sola da igual, hay que ver la trayectoria de sus fundadores y seguramente un montón variables que no son públicas para comprender por qué ellos consiguieron eso y por qué otra persona lo tendría bastante más difícil.

Cada persona tiene su historia, unas circunstancias personales, aspiraciones, actitudes, recursos, amistades, contactos y sobre todo formas de pensar y actuar tan personales y variantes en el tiempo que ni Twitter, Facebook o un blog podrían reflejar en un porcentaje adecuado como para sacar conclusiones relevantes y mucho menos adecuadas.

Por experiencia, y también por mera estupidez, a veces se comente el error de creer saber lo que una persona o equipo pueden conseguir o no apostando por hacer las cosas de una determinada forma en lugar de otra.
Algo valioso que he aprendido es lo bueno y enriquecedor de ser cauto a la hora de asumir, la importancia de hacer cosas en lugar de creer saber hacerlas y el conocer a personas que las hagan con pasión y recursos limitados. Este tipo de cosas evita en gran medida caer en actos tan estúpidos como el de decirle a alguien aquello de que no puede conseguir hacer algo o el criticar la forma en la que lo hace, sólo porque un autor de moda lo haya escrito o no en un libro.

También veo interesante el tener criterio propio para detectar e ignorar este tipo de cosas, pero ese es ya otro tema.

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