El camino correcto

Desde que tengo memoria no me han faltado ocasiones de conocer a un montón de personas que no han dudado en expresar lo equivocado que estaba al elegir un camino en lugar de otro.

Recuerdo que en mis primeras prácticas profesionales un tipo que llevaba el mantenimiento de una red de colegios en Vizcaya me aseguró que esa inquietud y pasión que mostraba se acabaría y consumiría a lo largo de los años, con la experiencia.
En trabajos posteriores, tuve compañeros que se unieron a darme esa misma opinión y a darme consejos relacionados con esa idea, por mi supuesto bien.
Si que es verdad que mi pasión y forma de ver las cosas cambiaron, pero agotarse, ni remotamente.

Cuando empecé con los negocios, la cantidad de personas con las que me he encontrado que me han aconsejado no hacer algo o han insistido en que debería hacer las cosas de otra forma, basándose mayormente en consejos o en las enseñanzas de libros de moda, se han multiplicado. Muy pocas han considerado relevante saber algo sobre mí, sobre mi historia, a un nivel más profundo de lo que comento en mi Twitter (de forma personal) o aparece en mi linkedin o en este blog.

No creo que la crítica sea mala, ni mucho menos, tampoco creo que sea malo dar tu opinión. Creo que sí lo es el considerar que sabes al 100% lo que otra persona necesita o no para conseguir sus metas sin haberla conocido lo suficiente.

En los negocios, no me gusta dar consejos o criticar por este motivo a gente que empieza. Sí que me gusta dar mi opinión o comentar mi experiencia, sobre todo a personas que afirman tener una experiencia distinta a la mía o a personas que conozco bien a nivel cercano.

En el 2010 nadie hubiese apostado por desarrollar y defender una simple app para compartir fotos desde el móvil. En el 2012, tan sólo dos años más tarde de su lanzamiento, Instagram se vendió a Facebook por más cantidad de la que Audi compró la famosa marca de motocicletas Ducati.
Obviamente la app por si sola da igual, hay que ver la trayectoria de sus fundadores y seguramente un montón variables que no son públicas para comprender por qué ellos consiguieron eso y por qué otra persona lo tendría bastante más difícil.

Cada persona tiene su historia, unas circunstancias personales, aspiraciones, actitudes, recursos, amistades, contactos y sobre todo formas de pensar y actuar tan personales y variantes en el tiempo que ni Twitter, Facebook o un blog podrían reflejar en un porcentaje adecuado como para sacar conclusiones relevantes y mucho menos adecuadas.

Por experiencia, y también por mera estupidez, a veces se comente el error de creer saber lo que una persona o equipo pueden conseguir o no apostando por hacer las cosas de una determinada forma en lugar de otra.
Algo valioso que he aprendido es lo bueno y enriquecedor de ser cauto a la hora de asumir, la importancia de hacer cosas en lugar de creer saber hacerlas y el conocer a personas que las hagan con pasión y recursos limitados. Este tipo de cosas evita en gran medida caer en actos tan estúpidos como el de decirle a alguien aquello de que no puede conseguir hacer algo o el criticar la forma en la que lo hace, sólo porque un autor de moda lo haya escrito o no en un libro.

También veo interesante el tener criterio propio para detectar e ignorar este tipo de cosas, pero ese es ya otro tema.

No contar tus metas

Derek Sivers es una de las personas que más me inspiran en el mundo, es una pena que no haya tenido la oportunidad de desvirtualizarlo todavía.

Esta semana descubrí la siguiente charla en TED y me dio mucho en qué pensar. En ella se comenta cómo nuestro cerebro confunde lo que socialmente anunciamos que vamos a hacer o estamos haciendo, asumiéndolo como algo que realmente ya hemos hecho.

Una de las cosas de las que me suelo arrepentir es que suelo comentar demasiado pronto mis ideas cuando las veo perfectamente factibles o empiezo a ejecutarlas. No siempre termino la ejecución, o cuando lo hago, puede ser años después de cuando las he empezado.

En mi caso puede que no termine de ejecutar algo por los siguientes motivos: me he dado cuenta de que no era tan buena idea como pensaba, he priorizado otras cosas más importantes sobre la misma, la he aparcado para ejecutarla más adelante o estoy en proceso de solventar un problema clave en la misma.

La ejecución de una idea no se percibe bien cuando no se ejecuta a corto plazo, aún cuando sea imposible ejecutarla de forma adecuada en un periodo corto de tiempo. Psicológicamente y a nivel de negocio, también es un problema no ejecutar rápido, de ahí la importancia de planear buenos MVP.

Hasta ahora, sólo le había dado importancia al guardar en secreto los proyectos de mis clientes y no me preocupaba exponer abiertamente los míos a pesar de que alguien pudiese criticarme por no terminarlos. Sin embargo, la siguiente charla me ha roto un poco los esquemas y he estado pensando en que puede ser buena idea aceptar el consejo.

Límites y pensamiento lateral

Hay muchas personas que creen erróneamente que la creatividad es algo con lo que nacemos y que no se puede adquirir o mejorar mediante estudio o entrenamiento.

Lo cierto es que cuando pensamos, nuestro cerebro lo hace de forma lógica, buscando patrones con modelos que ya conoce y de no hacerlo, los recuerda y va afianzando en nuestra memoria a medida que nos volvemos a encontrar con problemas similares.

Aunque este funcionamiento hace que seamos increíblemente resolutivos, a veces la solución que buscamos requiere salirse de toda norma, de toda lógica.

La creatividad nos permite encontrar soluciones nuevas o distintas a las que encontramos lógicas y evidentes, que no tienen por qué ser mejores.

Una de las formas de conseguir escapar del pensamiento lógico para encontrar soluciones distintas a lo típico es el pensamiento lateral.

Escuché hablar sobre el pensamiento lateral hace unos ocho años y desde entonces no he dejado de leer libros del creador del término, Edward de Bono, autor también de la técnica de los seis sombreros para pensar.

En uno de sus libros, nos demuestra que nuestro pensamiento lógico nos lleva a asumir ciertos límites que no existen a la hora de pensar y resolver problemas.

Un ejemplo se ve claramente al intentar unir todos los puntos en el siguiente dibujo realizando sólo cuatro trazas sin levantar el lápiz del papel.

dots1

Si lo intentamos como haría una persona normal, llegaremos a la rápida conclusión de que es imposible hacerlo, pero no lo es.

Si vemos la solución en este enlace, rápidamente nos daremos cuenta de que hemos asumido que había un límite que no era real, el borde que forman los círculos exteriores.

Este es sólo un ejemplo en el que se ve de forma simplificada cómo nuestro cerebro nos hace pensar que no podemos resolver ciertos problemas, cuando en realidad la solución es viable.

Ejercitar el pensamiento lateral no es algo sumamente complicado, hay diferentes técnicas en las que nos planteamos ejercicios en los que debemos dar soluciones a cosas que aparentemente no la tienen, sin asumir límites o dejando de lado a priori las razones por las que no se pueden conseguir.

En otro ejemplo se nos retaba a situar cuatro árboles en tal posición que la distancia de cada uno respecto a los otros fuese la misma. En este caso, se debía jugar con la altura del terreno para conseguirlo, pero no es algo en lo que pensemos de forma directa.

Una vez que la solución se muestra ante nosotros, nuestro pensamiento lógico la comprende y en algunos casos la clasificamos de evidente o nos provoca el quejarnos de la existencia de una trampa en el enunciado del problema, cuando hemos sido nosotros mismos los que hemos puesto el límite en primer lugar.

Lo importante

Hay algo que aprendes cuando te pones en serio a crear un negocio: el valor de centrarte en vender, ejecutar con éxito lo que vendes y tener en la cabeza una fórmula muy sencilla: ingresos – gastos.

Luego se añaden más variables, que en mi caso las más importantes son: con quién quiero trabajar, de qué forma quiero trabajar, qué quiero hacer, por qué quiero hacerlo, lo que me motiva y si puedo hacerlo sin retorno inicial (si es preciso, sin perjudicar al resto de proyectos junto a mi vida personal), si me hace feliz hacerlo (a mí) y si estoy avanzando realmente.

Aparte de esas cosas se unen algunas más que estoy aprendiendo últimamente sobre temas como finanzas, disciplina que empieza a interesarme por fuerza en mi día a día, y otros aspectos alejados de la programación o de tomar cervezas con amigos.

A pesar de esto, desde hace un año y unos meses, doy mucha importancia a mi vida social. Quizá porque he invertido mucho tiempo en mi trabajo y autoformación, sobre todo en los últimos ocho años de mi vida, desde la parte técnica hasta la parte relacionada con la creación de negocio.

Suelo engancharme a lo que me gusta, me apasiona, que no necesariamente es lo que me hace feliz. Bueno, quizá sí me hace feliz, pero en cierto modo si pudiésemos describir la felicidad como un recipiente, no es lo que lo llena totalmente, aunque la cantidad de continente tiene una condensación brutal de energía, ilusión y emociones.

Esa mezcla de sensaciones te hace pensar que lo demás no es tan relevante, salvo  excepciones que también acabas por descuidar y, a menos que la vida te dé un par de hostias bien dadas, es muy difícil quitarte la venda de los ojos.

Es más difícil salir cuando en Twitter y en eventos diseñados con ese fin, se repiten las mismas frases una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez sobre emprender, startups y otra clase de porno para los oídos de gente del mundillo en el cual nos movemos los que trabajamos en el sector de Internet.

Algo escribí hace tiempo por aquí, sobre la cultura del emprendedor de Internet en España y lo fácil que es caer en ese círculo de tener que alimentar la demanda de información de quienes no son tus clientes, socios y ni pertenecen a tu círculo social personal.

La realidad es que ningunas de esas cosas molonas que te repiten con ansia van a hacer que tu negocio funcione.

A tus clientes les da igual tu ronda de financiación y les da igual si das una charla sobre tu experiencia de emprendiendo sin haber vendido absolutamente nada en tu vida. A tu pareja, amigos, a tu propia ilusión, lo único que les va a importar es si has conseguido lo realmente importante, lo que hace que tenga un sentido real estar en este mundo, vivir para sentir cada detalle y compartir con quien realmente aprecia lo que eres y no lo que escribes que eres.

Por qué mis Tweets caducan

Boceto inicial de Twitter, por JackDorsey (@jack)

Soy usuario de Twitter desde el 2007. Últimamente he reflexionado mucho sobre el uso que se le daba hace seis años a esa herramienta y el que se le da ahora.

Cuanto empecé a usarlo, la gente no relacionada con el mundo tecnológico e Internet, no lo veía como una herramienta interesante, incluso lo veían peligroso y fuera de lugar.

En el 2008 el genial Joan Planas hizo un vídeo en el que se recogían las opiniones sobre Twitter de gente de a pie, fuera de todo ámbito profesional o motivación hacia Internet.

Ha cambiado mucho Twitter desde esos primeros años en los que una herramienta por la que nadie apostaba pasó a convertirse en un poderoso canal para acercarse a personas interesantes, muy activas y que generaban o compartían contenido de valor muy difícil de encontrar hasta esa fecha.

Muchos de los que lo usábamos teníamos blog personal y, además de hablar de temas profesionales, compartíamos opiniones, sucesos y críticas. Se forjó el concepto de microblog, un canal de comunicación personal instantáneo.

Twitter empezó a calar en serio, muchas personas obtuvieron la oportunidad de demostrar su valía y conseguir contactos o darse a conocer, motivo por el cual dicha herramienta llamó la atención de personas que vieron la oportunidad de ofrecerse como consultores profesionales expertos en el manejo de la herramienta.

A raíz de la crisis, empezaron a usar la herramienta para conseguir un empleo, vender sus proyectos o como altavoz publicitario, forzando las cosas, siguiendo a mucha gente, comprando seguidores o inundando de contenido basura los timelines de los que les seguían.

Todo esto desembocó en ruido y una profesionalización forzosa de una herramienta que nació en el 2006 para sustituir los “estados” que nos poníamos en las herramientas de mensajería como MSN Messenger.

Con servicios como Favstar y Klout, donde los usuarios pueden medir su influencia y lo mucho que gustan sus frases al resto de usuarios, apoyados por los medios de comunicación clásicos offline, Twitter finalmente se ha masificado y es tan conocido como Facebook en la actualidad.

Estos últimos seis años he conocido a gente genial en Twitter, he hecho negocios, he podido dar a conocer mis primeros proyectos y he tenido oportunidades que jamás hubiese conseguido por otros medios. Sin embargo, he tenido también experiencias surrealistas con gente que ha asumido conocerme demasiado por lo que leía en mi Twitter, se han dado por aludidas en updates absurdos o han usado algunos sacados fuera de contexto con fines claramente alejados de toda buena voluntad.

He pensado mucho en qué hacer con mi cuenta de Twitter para no perderme las cosas buenas que ofrece, contemplé hacerla privada como hice en el 2008, pero finalmente he tomado la decisión de ir borrando las actualizaciones cada cierto tiempo.

Para ello me he programado un script en php que ha eliminado todos los Tweets que he enviado desde el 2007 hasta Enero de este año, más de 26.000 actualizaciones.

Entiendo Twitter como una canal personal, en el que tiene cabida el compartir lo que hago profesionalmente pero sobre todo lo que hago personalmente, mis aficiones, inquietudes, locuras (me encanta volverme loco y desvariar), escrituras de cosas que imagino o he vivido, sentido y disfrutado intensamente.

Me gusta Twitter como un sitio en el que puedo dejar palabras que tienen sentido (o no) en un momento y contexto específicos, pero no veo que den ningún valor a largo plazo. La limitación de 140 caracteres y el no poder editar lo que has publicado, creo que encaja de forma natural con ese uso.

Algunas de mis actualizaciones mal interpretadas pueden ser plato de mal gusto para ciertas personas, por lo que poniendo una fecha de caducidad a las mismas me aseguro que al menos no dure esa posible molestia u oportunidad para ser sacadas fuera de contexto.

Para contenidos y otros temas que me gusta conservar por alguna razón, utilizo este sitio web en el que además, puedo expresarme sin límites.

¿Quiere decir esto que dejo de utilizar Twitter? No, mientras pueda asegurarme de que puedo eliminar de forma cómoda el contenido que ya no tiene interés para el resto, lo usaré en mayor o menor medida como hasta ahora.

En base a las peticiones que he recibido haré la herramienta que me he programado OpenSource para que cualquiera pueda usarlo.

Sin más, creo que es importante el poder gestionar nuestra comunicación, lo que compartimos y cuando dejar de hacerlo o cambiar la forma en lo que lo hacemos.

Cosas buenas que hacemos en España

Hace algún tiempo lo comenté en twitter, la necesidad de crear un sitio web en el que se compartiesen noticias o artículos exclusivamente de cosas buenas que hacemos en España.

Por desgracia, la mayoría de gente que me sigue asumió que se trataría de un sitio que hablase sobre negocios en Internet y tecnología que hacemos en este país. Mi idea es bastante más amplia, llegando a terrenos como arquitectura, arte, medicina, ingeniería y demás campos que nos hagan pensar que este país es todo lo acojonante que realmente es.

Estamos continuamente bombardeados por noticias sobre corrupción, malversación de fondos públicos e incompetencia de nuestros dirigentes políticos. Es el tipo de contenido que vende, lo malo y nuestra necesidad de juzgar y comentar lo que hacen mal otros que viven cerca de nosotros, anhelando las virtudes de otros países, a menudo basándonos en datos falsos o incompletos.

En España hay personas geniales, que tienen iniciativas realmente brutales y que consiguen abrirse paso con muchos menos recursos con los que cuentas otras personas con las que compiten a nivel nacional.

Creo que tener un canal en el cual todos aportemos contenido de forma sencilla, clasificado por categorías a modo de áreas y por años, nos daría una perspectiva diferente sobre el país en el que vivimos y nos motivaría a todos por mejorar y estar a la altura que merecemos.

Creo que el mayor reto del sitio es compartir el contenido, a modo de enlaces de forma similar a meneame.net, no haría falta programar nada, creo que con un CMS tipo Pligg funcionaría de sobra.

Tampoco veo necesario generar el contenido por los propios usuarios, es decir escribiendo los artículos en lugar de aportar el contenido, eso haría aún más costoso el proyecto. Pero sí se necesita un core de comunidad que aporte enlaces para que la idea funcione.

Sin más, creo que podría ser una iniciativa muy interesante y necesaria ahora mismo.

Sobre el mercado de Internet

Aunque profesionalmente, y quizá en cierto grado personalmente, mi mercado es el de Internet y el desarrollo de software para el mismo, tengo el placer de conocer y compartir varios cafés a la semana, junto a sus debidas conversaciones, con líderes de negocios en otros sectores, ya sean amigos, clientes o incluso familiares.

Existen diferencias notables, en el modo en el que nuestros consumidores, u otros actores relacionados con nuestra actividad, perciben nuestra forma de hacer negocios o a nosotros mismos, con respecto a el modo en cómo ven los negocios en otros sectores.

Desconozco si por la naturaleza del sector o por haber forzado ciertas convenciones en como hacer ciertas cosas, hay precisamente ciertas cosas que se han asumido como normales en este sector pero son totalmente impensables en otros.

Hay tres puntos principalmente en los que creo que hemos fallado o que personalmente he experimentado situaciones que en otros sectores no son normales.

Twitter y la cultura del emprendedor en Internet.

Twitter nos permitió darnos a conocer y compartir cosas que hacíamos de forma cercana en el 2007, cuando sólo usuarios del sector o early adopters lo conocían mientras el resto  no lo encontraban útil e incluso lo encontraban peligroso.

Esta herramienta permitió a la gente del sector estar más en contacto que nunca entre sí, multiplicar el número de eventos sobre temas que antes no eran tomados en cuenta y que nos permitían, basándonos en la experiencia de otros, alimentar la moral y el espíritu que le lleva a uno a intentar salirse del camino establecido por antiguos esquemas corporativos, creando nuevos negocios que eran dirigidos de una forma menos cuadriculada por líderes más cercanos y con los que se podía hablar, sin que fuese necesario ponerse una corbata e intentar convencer a su secretaria de que no eras una amenaza para el valioso tiempo de esa persona.

Pero en algún momento se nos fue de las manos. Incluso en el 2007 ya era raro, al menos para un vasco como yo que no tenía precisamente la actitud más social y extrovertida del mundo, ver cómo algunas personas se tomaban excesiva confianza al acercarse y entablar conversación contigo sin haberte visto antes, una sensación claramente artificial de amistad que se trataba de imponer como normal, justificándola con el conocer superficialmente a una persona en base a las actualizaciones en el Twitter de la misma.

Después de eso Twitter se masificó como la pólvora, invitando a entrar a gente que tenía una necesidad clara de aprobación constante y dando una oportunidad para la gente que estaba dispuesta a saciarla. Es una pena, pero creo que Twitter tiende a convertirse en un mercado de aprobación en lugar de una herramienta de comunicación personal o de contacto.

Y a las empresas, empresarios y profesionales de Internet esto no nos hace favor, ya que  sospecho que hemos alimentado una expectación por parte de un público que no siempre es nuestro consumidor pero que es exigente a la hora de demandar información que muchas veces es necesario proteger.

Y ante el vicio de pedir, la virtud de no dar. A pesar de que se confunda con falta de transparencia, o que te tachen de tener una actitud de las que no casan con un modelo de empresa de Internet, en el que parece que todo vale.

Con tantos blogs comentando inversiones sin tener toda la información en la mano, nombres y apellidos de promotores, inversores convertidos en estrellas, tierras prometidas para que tu negocio se expanda sin aparente esfuerzo, artículos que analizan siempre los mismos puntos para ser un emprendedor de éxito todo mezclado con tecnología, Internet y lo que esté de moda en ese momento, resulta todo un reto encontrar a promotores que mantengan una cierta distancia de todo esto y que hagan lo que realmente es necesario: crear mercado y dejarse de tonterías que sólo alimentan la comidilla entre gente que tiene hambre de porquería y gente que tiene el ego lo suficientemente alto como para saciarlo supliendo en exceso ese hambre.

No es normal que me haya encontrado a programadores y otro tipo de profesionales como la copa de un pino, que me han dicho, como si fuese algo malo, que ellos no se han animado a ponerse por su cuenta o han montado su negocio. No es normal. Un profesional es tan necesario como un empresario y creerme, necesitamos buenos profesionales en España.

Creo que hemos alimentado demasiado una cultura en la que emprender debe ser la respuesta ante el mínimo resquemor con tu puesto de trabajo o la crisis actual. No ya emprender, que emprender me resulta una palabra demasiado grande como para etiquetar con ella a alguien que monta un negocio o proyecto en Internet, sino el hecho de montar un negocio con recursos propios, contratar, buscar clientes, establecer tus procesos e infraestructura desde cero.. es algo duro, muy duro, y en algunos casos no es aconsejable tomar a la ligera, especialmente en estos momentos y en algunas situaciones personales, que ahora mismo pueden ser las peores posibles como para arriesgarse a algo así.

El mercado y algunas cosas que no me gustan en él.

El origen de que me plantee esto, quizá haya sido motivado por algunas experiencias que he tenido tanto a la hora de seleccionar proveedores como de reunirme con nuevos posibles clientes.

Algo que parece habitual, y que cada vez me pasa con más frecuencia desde hace algún tiempo, es que en una primera reunión te hagan preguntas sobre la organización interna de tu empresa, en algunos casos se atreven a preguntar sobre cifras de financiación o caja concretas. Para mí esto, lejos de ser normal, es algo que me hace desconfiar inmediatamente de ese proveedor o cliente, aunque no lo demuestre ya que no me resultaría cómodo el contestar con un “¿a usted qué le importa ese dato?” suavizado o no, dependiendo de la agresividad que se haya empleado al preguntar. No se me ocurre ningún sector en el que tú como proveedor, preguntes abiertamente este tipo de cosas. A mí desde luego no se me pasa ni por la cabeza, a menos que tengas confianza con alguien de la junta directiva.

Recuerdo cómo algún conocido mío del sector, entrevistando a un candidato para ser CTO (director técnico), les preguntó sobre la cantidad exacta de financiación de la que disponían en la empresa y quiénes eran los socios inversores. Nuevamente, no se me ocurre ningún sector en el que un candidato a entrar en la empresa, para un puesto que no sea el director general de la misma, pregunte sin dudar este tipo de cosas.

Lo mismo pasa con posibles clientes. Hace poco, comentaba con un amigo algo muy interesante a la hora de acudir o concertar una cita con un cliente: la mayoría de clientes nunca van a serlo y no sólo eso, te van a hacer perder el tiempo.

Y es que muchos posibles clientes no lo son en realidad y suele ser habitual que en lugar de un presupuesto lo que quieran es ofrecerte un porcentaje en la empresa sin haber trabajado contigo ni conocerte, algo que suele ser habitual, pero que en otros sectores es impensable.

Me ha llegado a pasar que ese cliente, que en realidad no es cliente, se escandalice u ofenda cuando le pida un plan financiero cuando realmente llego a estar interesado en su equipo o proyecto, cosa que suele ser muy rara y se da en muy pocas ocasiones, o le saque pegas al que vagamente tienen.

Debe existir alguna especie de academia de empresarios de Internet donde alguien les convence de que son especiales y que pueden conseguir hacer lo que otros les cuesta mucho dinero y tiempo, en sectores que no dominan o no tienen experiencia. Y se lo creen.

En otros sectores lo normal es que todos estos temas sean impensables y se tomen las cosas más en serio. No digo que no haya empresas del sector que no se las tomen así, pero generalmente quedan en segundo plano y no destinan tantos recursos en hacer que sus líderes sean estrellas mediáticas que representen a la figura de emprendedor modelo.

En los últimos años he tenido el placer de hacer negocios, e incluso ser socio, de personas que podrían dar charlas magistrales en eventos referentes del mundillo emprendedor, pero nunca lo harán y tienen sus motivos. Nunca los había entendido al nivel que los entiendo ahora.

Candidatos técnicos y programadores.

A pesar de que algunas cosas sean tan pocas serias como lo que comento en las líneas anteriores, a las empresas que tienen base tecnológica en Internet no les vale cualquier profesional.

Siempre digo que la tecnología es lo menos importante pero es lo más crítico. Y creo que es cierto.

Hay una diferencia abismal entre un equipo formado por personas motivadas y con experiencia a un equipo mediocre y que va a la oficina a cumplir sus horas. Y para una empresa en la que todo, absolutamente todo, se basa en la tecnología y lo rápidamente que pueda evolucionar y adaptarse con los menos recursos posibles, este hecho es algo de lo que debe ser consciente.

Un programador motivado y con experiencia, puede realizar más trabajo que un equipo de cinco en el mismo tiempo, y estoy seguro que me quedo corto en la comparativa.

Actualmente hay un debate muy interesante entre los que dicen que hay escasez de programadores y los programadores, que dicen que hay pocas empresas que van a pagar lo que realmente valen. No voy a entrar en ese debate ya que hay demasiados matices que hacen que todos tengan razón, en cierto modo.

Lo más complicado para una empresa sin embargo, no es encontrar a programadores que sean los mejores del mundo, que sean hyperperfeccionistas o que dominen lo último del mercado en cuanto a tecnologías, lo más complicado suelen ser dos puntos:

  • Alguien que se comprometa y pueda trabajar en una oficina sin que su jefe esté presente.
  • Alguien que tenga una visión pragmática y pueda terminar un producto que luego pueda irse mejorando en el tiempo.

Que tengan pasión por la tecnología y sean capaces de aprender por sí solos nuevas herramientas o lenguajes de programación lo doy por supuesto, pero los dos puntos anteriores, para mí no tienen precio.

Conclusión

Por concluir, creo que hay muy buenos profesionales de Internet en España. Creo que podemos hacer cosas en Alemania o Silicom Valley calificarían de imposibles con sobrado éxito y con recursos que ellos ni se plantearían, pero debemos concentrarnos en trabajar y en lo importante: sabiendo como personas normales lo que tiene valor y lo que podemos preguntar o no a alguien que no conocemos o al que queremos mostrar respeto.

Respeto, seriedad, sacrificio, constancia y trabajo duro, las más difíciles ya las tenemos, el resto es cuestión de concentrarse en lo más importante y dejar de jugar a cosas que carecen de importancia.

Creo que dejando a un lado las tonterías que muchas veces vemos, más propias de un programa de tele5, conseguiremos que otros nos vean como un sector en el que todo no vale y se hacen las cosas en serio.

Socios tecnológicos

Hace meses leí una entrada en el blog de Desencadenado en el cual se argumentaba sobre por qué si eres una empresa que empieza en Internet y ninguno de sus promotores son de perfil técnico, no necesitas un cofundador técnico.

Es verdad que si lo que estás haciendo es un autoempleo en el cual das formación a través de un sitio web a nivel personal o montando una tienda online que refuerce tu venta a pie de calle, probablemente no necesites un socio que te mantenga un WordPress a cambio de un porcentaje, pero en una empresa en la que tu negocio sea más ambicioso y busques crecer en Internet, aunque sea para conseguir un techo de ventas con el que puedas vivir de forma cómoda con un equipo pequeño de gente y sin inversores, mi opinión es que si no cuentas con alguien con experiencia tecnológica muy bien pagado o como socio de la empresa, acabarás haciendo una chapuza.

En lo que sí estoy de acuerdo de ese artículo es en lo de aprender y experimentar. Si tienes tiempo para ello, te ayudará a valorar más a los profesionales que contrates o a tus socios que tomen decisiones técnicas y sobre todo, te ayudará a saber qué necesitas, priorizar y a descartar proveedores que te aseguran ofrecerte lo mismo que otros que te están ofreciendo algo completamente distinto y que es lo que necesitas.

Al margen de todo esto creo que hay bastante confusión sobre lo que es o no un socio tecnológico y por qué es necesario.

Si tienes una empresa tecnológica, tu core es la tecnología.

Una panadería no necesita un socio con perfil tecnológico, una empresa que se basa en una plataforma cloud sí.

En Internet la competencía es rápida, tremendamente vanguardista, busca llegar al usuario de la forma más cómoda para el mismo y sobre todo, reducir costes en personal y en caros procesos de comunicación y gestión. Todo esto se consigue tomando buenas decisiones tecnológicas.

Volviendo al ejemplo de la panadería, podríamos decir que el socio tecnológico para una panadería sería el que dijese qué horno hay que comprar, conoce y tiene relaciones con fabricantes de hornos de confianza que le hacen buen precio, tiene pensadas y preparadas soluciones para cuando el horno fallase o se quedase pequeño o incluso si hubiese que diseñar un horno desde cero, sabría cómo hacerlo y tendría la experiencia para tener en cuenta el coste de mantenimiento del mismo y las posibilidades de escalarlo para que no se quedase pequeño en un futuro. En algunas empresas, el socio tecnológico también se encargaría de la problemática del transporte del pan.

Un socio tecnológico no es un programador ni un CTO.

Normalmente cuando se llega a un acuerdo con un socio tecnológico, sobre todo al comienzo de la actividad comercial de la empresa, este socio (o socios) adquieren la labor de CTO, es decir, Director Técnico.

En muchos otros casos, por desconocimiento, se asume que el socio tecnológico o el Director Técnico van a ser los que programen la plataforma y en los peores casos se refieren a este socio como “el informático” o “los informáticos”, los que hacen un trabajo relacionado con “cosas” tecnológicas de menor valor que las que hacen el resto de socios.

Esto se da mucho entre perfiles mediocres de nuevos emprendedores (emperdedores como los definió Risto Mejide en uno de sus libros), animados por inversores escasos de dinero y con poca experiencia, que buscan dar el pelotazo documentándose con blogs y libros de cómo salir de la crisis gracias a Internet.

Y soy algo severo con estos perfiles al llamarlos mediocres, porque si tuvieran experiencia trabajando en empresas del sector tecnológico sabrían perfectamente que una plataforma de éxito no se construye con un sólo programador y que el CTO hace labores tan distintas como necesarias como las de un programador o un gestor de proyectos.

En empresas pequeñas es cierto que el socio tecnológico debe hacer varias funciones, la mayor parte labores que se asocian al cargo de director técnico, entre las cuales normalmente se encuentran:

  • Conocer las necesidades tecnológicas concretas en cada momento y a largo plazo de la empresa.
  • Tomar decisiones y negociar partidas de presupuestos en su área.
  • Buscar y seleccionar personal.
  • Buscar, seleccionar proveedores, y negociar con los mismos, en base a los recursos y necesidades de la empresa.
  • Comunicación, organización y seguimiento del trabajo de los proveedores.
  • Reducción de conflictos y problemas que tenga el equipo de desarrollo de la empresa.
  • Organizar junto al gestor de proyectos y el director de producto el trabajo a realizar por el equipo de desarrollo.
  • En caso de problemas, coordinar el trabajo entre proveedores y equipo de desarrollo.
  • Realizar los documentos que los proveedores tecnológicos requieran para evitar pérdida de tiempo y posibles conflictos.
  • Comunicarse de forma frecuente con el director general, el director financiero y el director de operaciones para que la información, el tiempo y el dinero se inviertan adecuadamente en los recursos que hacen que la empresa produzca y se eviten problemas en caso de fallo.

En algunos casos un socio tecnológico es necesario incluso teniendo equipo técnico.

Hay determinadas situaciones en las que una empresa cuenta con un equipo de desarrollo e incluso un director técnico, pero necesitan un socio tecnológico.

Normalmente estos socios tecnológicos se encargan de una parte crítica de la empresa, asesoran o dotan de un valor determinado que hace a la empresa ser competitiva ahorrando costes significativos o la dotan de otras ventajas con respecto a la competencia.

Las alianzas tecnológicas no sólo se realizan cuando una empresa cede parte de su porcentaje. Hay otras fórmulas como dejar de comercializar o desarrollar otros productos determinados, ofreciendo los que tu socio ofrece a cambio de un porcentaje de la venta o una suscripción.

Otras ocasiones la empresa no dispone de equipo tecnológico y no se asocia con un sólo socio que vaya a trabajar al 100% en la empresa, sino con una agencia de desarrollo o con el propietario de la misma, que provee  a sus socios de los recursos técnicos y experiencia que dispone. Estos recursos son sus contactos (proveedores, clientes), su equipo de desarrollo, su experiencia, su marca.. en definitiva todo lo que una agencia puede ofrecer.

Yo es el modelo que más defiendo y en el cual tengo experiencia.

Que un socio tenga perfil tecnológico no significa que sólo tenga experiencia en tecnología.

Muchas personas son escépticas a creer que alguien de otro campo profesional o que no tenga cierta formación oficial, pueda saber más que ellos en el campo que ellos aseguran dominar.

Hay empresas o personas, que tienen mucha experiencia en desarrollo de software u otros campos de la tecnología, pero por sus necesidades, inquietudes o el mercado, han tenido que ofrecer otros servicios o por alguna otra razón disponen de experiencia en campos como marketing, campo financiero, contabilidad o temas legales.

Aprovechar la experiencia de alguien que haya hecho negocios reales y encima sepa tomar decisiones técnicas o ejecutarlas, para mí es crítico para una empresa de Internet.

España no es la primera opción

En el 2005 fui a dar una charla al instituto donde cursé el módulo superior de administración de sistemas informáticos.
Ese año estaba trabajando como administrador de sistemas en una empresa del grupo Mondragón subcontratado por Softec, posteriormente comprada por Ibermática.

Me habían invitado a hablar a los alumnos que estaban terminando el ciclo y que ese año empezarían sus tres meses de prácticas y formación en empresa.
Sus caras eran de escepticismo, sabían lo duro que iba a ser conseguir encontrar trabajo, e incluso en el caso de encontrarlo, se enfrentaban a un mercado laboral en el cual un licenciado recién salido de carrera no iba a ganar más de 24.000€ al año en Madrid, en Bilbao la cosa estaba aún peor.

Estos alumnos, aunque tenían una formación técnica de sistemas más práctica y actualizada con respecto a la de un licenciado, no tenían ningún tipo de esperanza de competir y sabían que en muchos casos les echarían para atrás en las entrevistas por no tener el título universitario.
Los universitarios por su lado, veían que habían invertido cinco años de su vida, en los mejores casos, para aprender teoría desfasada que les convertiría en mileuristas, algo que pasaba también en otros sectores.

Algunos tenían suerte, otros tuvieron que currárselo, y la experiencia hacía que fuesen progresando profesionalmente, otros nunca consiguieron avanzar mucho más de su barrera de 1080€ mensuales y cuando empezaron a hacerlo, se encontraron con que todo lo que habían vivido hasta ahora era irreal e inmantenible ya que, como algunos nos dicen, habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Es amargo pensar en qué estará pensando hoy alguien que esté estudiando informática, gente que seguramente tenga problemas en casa porque sus padres tengan dificultades para llegar a fin de mes y otros dramas que se están produciendo en este país. Y yo pienso, ¿a qué podemos aspirar ahora mismo y en los próximos diez años, en este país, si cuando supuestamente vivíamos por encima de nuestras posibilidades, el promedio de la sociedad era mileurista?.

Irónicamente, nos encontramos en el momento en el que más demanda existe de programadores en todo el mundo por parte de empresas tecnológicas, sobre todo en el sector internet, un sector que en España no se respeta en absoluto.

Para los pequeños negocios y startups la cosa no está mucho mejor. Nunca habíamos tenido tanta propaganda destinada al apoyo del emprendedor, pero no sólo no ha servido para generar riqueza sino que ha justificado un ecosistema formado por funcionarios, eventos e iniciativas que se han ido mezclando con otros temas como la igualdad, innovación, sostenibilidad y demás palabras que sonaban bien a quienes repartían dinero en forma de subvenciones.

En estos tres últimos años y pocos meses, he fundado y ayudado a fundar, tres negocios que están funcionando y creciendo hoy en día sin subvenciones e invirtiendo lo mínimo, cosa que hace que me quede atónito cuando tengo reuniones con supuestos grandes empresarios, con mucha más experiencia en el sector que yo, que me dicen que no van a poder pagarme porque no tienen subvención y que la cosa está fatal.

No puede ser que los ídolos que algunos medios de comunicación nos ponían como ejemplos de grandes emprendedores, sin dinero público o inversores, no sean más que prepotentes caraduras vestidos con traje y corbata.

Por “suerte”, estos figuras están saliendo a la luz y ahora las empresas no están para pagar las tonterías de otros, ofreces algo de valor real o desapareces. De hecho incluso ofreciendo valor, no hay garantías de éxito.

Hace unas semanas, me quedé con ganas de responder al post de Javier Usobiaga, en el que planteaba si la opción era no irse de España a pesar de tal y como están las cosas. Irónicamente, esa misma semana, el gobierno anunció la subida del IVA del 18 al 21% y del IRPF del 15 al 21%.
En su post, Javier nos planteaba a todos el trabajar de forma individual, intentando colaborar con gente proactiva para conseguir mejorar las cosas, sin esperar ayudas o apoyos de terceros, algo con lo que no puedo estar más de acuerdo.

Sin embargo la verdadera crisis que tenemos en nuestro país es que falta más gente proactiva, gente con pasión por su trabajo e inquietud que no se acomode o que espere a que el camino esté asfaltado para poder andar sobre él.
Y no me refiero únicamente a emprendedores (y os juro que odio escribir esa palabra), me refiero a gente normal, que se preocupe un poco y tome la iniciativa, como tuvieron que hacerlo nuestros padres, y ya no te cuento los padres de nuestros padres.

Ahora las empresas ya no es que no puedan pagar a gente que está con el Facebook abierto todo el día o pendiente del WhatsApp, sino que no pueden pagar a gente que a las 18:30 se vaya como si esa empresa no fuese su problema.
Tampoco debería ser posible que una profesora de treinta y más años te escriba metiendo una media de tres faltas de ortografía por frase, y no es justificación que la herramienta sea WhatsApp.

Por otra parte un negocio necesita tanto buenos clientes como excelentes proveedores y empleados. En el último año, he visto cerrar o irse a más de la mitad de mis contactos, excelentes profesionales.
Pensando a corto plazo, se podría asumir que es una oportunidad ya que hay menos competencia, pero creo que llegar a esa conclusión es no ver que el mercado se está muriendo y que la única opción es reaccionar.

Muchos se quejan día a día en twitter y comentan de abandonar España. Es muy típico, ¿quién no ha tenido al lado al típico compañero de trabajo que se quejaba día a día de su jefe y amenazaba con irse, pero nunca se iba?.
Para irte necesitas ser competitivo, saber venderte, tener contactos, que el inglés no sea un problema, saber buscarte la vida por tu cuenta y preocuparte por ser bueno en lo tuyo.
Si vas porque has visto en cierto programa de TVE1 que en Finlandia o Noruega te van a contratar nada más bajarte del avión, te recomiendo que leas esto.

Sin embargo tengo comprobado que si eres bueno, fuera de España no hay un nivel desproporcionado como pudiésemos pensar, también hay gente acomodada y mediocre en otros países. Muchos de los problemas que asumimos que otros países no tienen, los tienen en igual o mayor medida que nosotros.

Yo personalmente tengo asumido que si quiero hacer crecer mi negocio, no sólo sobrevivir, debo trabajar con gente de fuera y en cuento tenga la mínima oportunidad, trabajar desde una buena ubicación en la que exista un mercado y una sociedad que respete a la gente que se lo curra.

Habrá quien vea bien o mal el que otros se vayan, pero en verdad eso ya ha dejado de importar. Lo que importa es lo que tú haces en lugar de quejarte.